martes, 6 de marzo de 2018

LIMA EN EL SIGLO XVIII DE JORGE LEGUÍA



 LA CIUDAD

Ubicada en la costa central del Perú.  Se encuentran escenarios como el cerro San Cristóbal, en el Agustino, presentando perennemente las faldas plomizas y secas. en San Pedro de los Chorrillos se ubicaba un pueblo de pescadores, laborioso y austero.

La ciudad presenta, de otro lado, confundidos en sus manzanas, caracteres de grandeza y signos de rusticidad arquitectónica. Ciudad de las flores y los frutos pues varias de las calles tienen esta clase de nombres.

En la segunda mitad del siglo XVIII decayó la Ciudad de los reyes por el terremoto de 1746. “Lima está apenas reparada” tras el terremoto. La población del Rímac tiene el delirio de resucitar el esplendor que habían perdido.

 La moda de la colonia es buena y eso se refleja en sus comedores que son espaciosos, abastecedores y tienen lucientes mármoles. Sus alcobas destacan por sus altas y umbrosas cujas de tallada madera y hermosos cortinajes; también había numerosas imágenes piadosas. Algo que nunca podía faltar era el oratorio pues era importante en la vida íntima de una familia.

LA SOCIEDAD

Adquiere un nuevo carácter en el siglo XVIII ya que antes era religiosidad profunda, ahora es la exterioridad del culto, aunque no es la expresión fiel del sentimiento místicos de los peruanos capitalinos. Predomina en esa época la parte formal sobre lo material; o sea, la apariencia sobre lo real.

El recato en el vestir y la moralidad en la conducta representan los medios indispensables para calmar la indignación de Dios. El mínimo gesto de solidaridad en lo que se refiere al pecado de carne se calificaba como obra diabólica a los pobladores de Lima colonial como es el caso de El Ciego de La Merced.

Aunque la antigua nobleza del siglo XVII se encontraba empobrecida en este nuevo siglo pues les había afectado la abolición de encomiendas. En las mansiones de los nobles se hacía vida cortesana no inferior a la del virrey. Los aristócratas hacían sus tertulias. La gente se quería divertir, los jornaleros y trabajadores ya no querían trabajar como antes y su principal acción de ociosidad era el chisme y este está simbolizado en Ña Catita. Pero es falso decir que se despreocuparon por la cultura en este siglo.

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