martes, 6 de junio de 2017

Los Inmigrantes italianos en el Perú


Muchos fueron los proyectos que se elaboraron para lograr traer colonos europeos al Perú, se elaboraron dispositivos legales y se elaboraron contratos a base del ofrecimiento de un futuro mejor en tierras americanas. Sin embargo, se trataba de propuestas poco viables, tanto por la falta de recursos financieros como por la falta de tierras para entregar a los colonos. Es por ello que al llegar a nuestro país muchos colonos se encontraban con una realidad diferente a la prometida, los contratos de trabajo no eran tan remunerados a como ellos imaginaban, muchas veces se encontraban maltratados por los hacendados y otras veces con condiciones de vida poco favorables.

Giovanni Bonfiglio cita a Del Río para explicarnos la posible relación existente entre hacendados y colonos, las dificultades entre el “patrón” y sus contratados se hicieron cada vez más grandes, los españoles no tenían una personalidad sumisa como la que tenían los naturales, sino que tenían una personalidad altiva y pretenciosa, los rozamientos fueron complicándose, hasta que un incidente personal entre Salcedo, un hacendado, y un inmigrante dio lugar a un choque sangriento el 4 de agosto de 1863,  donde hubieron muertos y heridos, los colonos que sobrevivieron abandonaron el país y se entablo una querella en los tribunales, además de protestas diplomáticas por parte de España.

Sin embargo, esto no detuvo los proyectos para traer inmigrantes europeos, algunos países de Europa necesitaban ubicar el excedente de población a causa del gran crecimiento demográfico como consecuencia de la baja mortalidad. Llegando al Perú durante el gobierno de Manuel Ignacio Prado, otros colonos como alemanes e italianos.

Inicialmente se buscaba emplearlos en terrenos de la costa, pero no fue logrado, ya que se les ofrecían bajos salarios por el trabajo en las haciendas y los hacendados no querían ceder terrenos para que sean colonizados, es así que la mayoría de los colonos europeos se asentaron en los terrenos de montaña. La llegada de los inmigrantes a Lima, ocasionó una pequeña crisis, ya que durante su estadía inicial estos inmigrantes deambulaban por las calles de la ciudad buscando empleo, deseaban un empleo urbano y bien remunerado, lo cual era casi imposible de conseguir y los que inicialmente aceptaban trabajar en las haciendas poco tiempo después de laborar allí, se dirigían a las ciudades[1]. Otros fueron repatriados y muchos otros terminaron trabajando en ocupaciones de emergencia como el ferrocarril central y ferrocarril de Paita a Piura.  A causa de esta situación en 1875, representantes de las 6 organizaciones italianas de Lima y Callao publicaron un circular con el objetivo de desalentar la llegada de más inmigrantes italianos, este circular también llego a periódicos de Italia[2]. Los representantes diplomáticos italianos incluso pedían al gobierno peruano el pago de gastos de reparación de los colonos que aún permanecían en la Casa de Asilo (en esta casa podían permanecer hasta 8 días después de haber llegado al Perú, pero por las condiciones de trabajo, muchos de ellos decidían quedarse más tiempo).

Los europeos eran introducidos para labores agrícolas, pero a los pocos años migraban a las ciudades. No solo ocurría con ellos, sino también con japoneses y chinos. Bonfiglio cita a Alessandro Arrigoni (1890), el amigo de Raimondi y cónsul de Italia en Pacasmayo:

“Los inmigrantes italianos llegados durante el gobierno del presidente Pardo llegaron en un momento en el que parecía que una lluvia de oro inundaba el Perú. De modo tal que ellos veían la posibilidad con la que podían ganarse el sustento e incluso hacer ahorros en poco tiempo mediante un trabajo fácil y sin hacer los esfuerzos que demanda la labor agrícola, se cansaron rápidamente luego de las primeras fatigas que probaron. Por eso abandonaron el ideal agrícola que los había conducido hasta aquí y se dispersaron en el país en búsqueda de cualquier trabajo, pero bien pagado e inmediatamente”.

Bonfiglio cita también a otros intelectuales italianos que a mediados de la década de 1870 escribieron el libro Estudios sobre la independencia económica del Perú. Se preguntaban: “¿A qué conduce, a quién aprovecha que vengan inmigrantes si no tienen en qué ocuparse? ¿Qué vengan hombres muy aparentes para las minas, cuando en virtud de muchas trabas está estancado el trabajo de las minas? ¿Qué vengan hombres aparentes para la agricultura cuando, o las condiciones agrícolas actuales o las preocupaciones de los intelectuales no les permiten tener ni el dominio directo ni el dominio útil del suelo que vienen a regar con el sudor de su frente? ¿Qué vengan hombres aparentes para las artes, cuando no hay talleres, ni oficinas, ni fábricas? (Copello y Petriconi, 1876).

A pesar de las medidas políticas dadas, todos los proyectos desarrollados hasta 1879 con el objetivo de facilitar la inmigración de europeos no tuvieron éxito. Durante el gobierno de Ramón Castilla se buscó celebrar un contrato por el cual se esperaba la llegada de 25000 irlandeses, lo cual no fue posible debido a la oposición del gobierno inglés, con lo que al final llegaron tan solo 320 personas, las cuales una vez en el Perú tuvieron que pasar por muy difíciles situaciones. A su vez, la mala experiencia por la que pasaron diversos grupos de inmigrantes hizo que exista una actitud contraria en Europa ante los posibles nuevos proyectos de inmigración traídos desde el Perú. Asimismo, durante el Civilismo, la Sociedad de Inmigración Europea también fracasó en su intento de acelerar la inmigración europea: la meta de atraer 50000 inmigrantes distaba mucho de la realidad. Finalmente, la crisis fiscal de 1870 paralizó los proyectos de colonización europea con lo que el programa civilista tuvo menos efectos que los inicialmente previstos.

Así, la única inmigración masiva que recibió el Perú se compuso de asiáticos que vinieron debido a la creciente demanda, por parte de los hacendados costeños, de mano de obra barata ante el vacío que quedó tras la abolición de la esclavitud en 1856. Evidencia de ello es la aprobación dada en 1861, durante el gobierno de Castilla, de la ley de inmigración de chinos. Fueron los chinos coolíes los que fueron a trabajar bajos duras condiciones en las zonas costeñas pues los pocos europeos que llegaron al Perú no actuaron como se había esperado: no se dedicaron a la agricultura de la costa, ni como trabajadores ni como granjeros independientes. Como en la costa las tierras eran escasas y los salarios eran bajos en las haciendas, los colonos o bien migraban hacia zonas de montaña o bien se iban hacia las ciudades a trabajar sobre todo en asuntos ligados a negocios o como empleados de paisanos que hayan llegado con anterioridad.

Estos proyectos para la colonización europea se paralizaron con la crisis fiscal de mediados de 1870 y la guerra del Pacífico.

ACTIVIDADES ECONOMICAS

En el siglo XIX primaron las migraciones provenientes de Liguria, región al noroeste de Italia, en el golfo de Génova. Aunque no fueron migraciones masivas sí se dieron de forma constante. El origen de estas migraciones la podemos encontrar en la antigua tradición de su marina mercante, estos marinos participaron en descubrimientos marítimos y frecuentaron las costas americanas desde la conquista. Hasta comienzos del siglo XVIII la “República de Génova” era políticamente autónoma, pero esto cambió luego de la invasión napoleónica (1800 -1815), ya que fue anexada al reino de Cerdeña. Liguria es una estrecha franja costera, compuesta por numerosos puertos, factor esencial del porque su actividad económica era el comercio marítimo, además de la ausencia de terrenos fértiles y llanos.

La experiencia de los marinos genoveses en actividades mercantiles, fue creando no solo una habilidad en cuanto a los negocios sino también una facilidad de movilidad.  Migraban temporalmente a otras regiones si tenían tiempos de crisis en sus actividades comerciales o si veían alguna otra región atractiva para comerciar, en Liguria se había difundido el mito de la “Mérica”, como lugar de fácil enriquecimiento[3]. Es por eso que al llegar al Perú muchos de estos marinos o tripulantes se desempeñaron un rol de comerciantes. A su vez cabe resaltar que estos inmigrantes no llegaban como lo hacían inmigrantes de otras regiones provenientes de Europa, estos lo hacían embarcándose en veleros de carga, trayendo mercancía. No solamente la población ribereña de Liguria fue la que llego a nuestras costas, siguiendo los pasos de esta, a mitad del siglo XIX llegaron también pobladores rurales, a diferencia de los anteriores, ellos no solo salían por la atracción de las nuevas tierras americanas, sino también por carecer de medios para vivir (poca fertilidad del suelo).

La mayoría de inmigrantes italianos desarrollaron actividades mucho más modestas, generalmente como pequeños comerciantes (chinganeros, fonderos, pulperos) o artesanos. Un grupo reducido de italianos se dedicaron a actividades artísticas, artesanales y profesionales, entre ellos músicos, médicos, orfebres, herreros, pintores, impresores, etc.  Como bien sabemos luego de la independencia del Perú, hubo un aumento paulatino de la llegada de inmigrantes italianos.

CARACTERÍSTICAS

Si bien la conformación de instituciones como, por ejemplo, la Sociedad de Inmigración Europea propiciaron la llegada de europeos, debido a que sus medidas no eran discriminatorias y a que tendían más que todo a favorecer las relaciones del Perú con potencias extranjeras (en miras de obtener una buena imagen internacional). Lo cierto es que la inmigración europea no respondió a proyectos de la política inmigratoria, sino que más bien los que llegaban al Perú eran en su mayoría trabajadores independientes y comerciantes. Estos se dedicaron a ello más nada cuando se encontraban en los puertos o ciudades afines a ellos, veían posibilidades de éxito y no tanto porque su meta desde un principio haya sido asentarse definitivamente en el Perú. Este fenómeno es a lo que Giovanni Bonfiglio denomina inmigración espontánea, pues la inmigración que recibió el Perú se realizó a través de una corriente libre, espontánea e independiente a los proyectos de colonización. En el Perú la inmigración europea no fue producto de una intervención estatal (como ocurría en países como Argentina o Brasil) sino que aquí cada inmigrante se establecería por otras y distintas razones.

La expansión de las actividades comerciales a raíz del boom guanero, atrajo a inmigrantes italianos quienes se asentaron en el Perú.  Estos inmigrantes se insertaron a través del comercio marítimo que durante estos años se intensificó y permitió que varios marinos y comerciantes se asentaran en nuestro país, unido a ellos llegaba parte de la tripulación que participaban en el comercio en el tráfico de mercancías y guano entre los puertos del Pacífico y de Europa. En algunas zonas de Italia se daba una expansión de la navegación en Vela que hacían transporte interoceánico, quienes cada vez aumentaban en los puertos del Perú, algunos se quedaban durante un tiempo prolongado para explorar la posibilidad de insertarse en actividades mercantiles locales.

Bonfiglio nos dice que el guano era una carga voluminosa y a pesar de que los barcos a vapor (introducido por los ingleses) reducían el tiempo de travesía, no justificaba el pago de los fletes más caros, es por ello que se entiende la competitividad que tenían los veleros, los marinos genoveses (quienes no tenían barcos a vapor), tenían una competitividad no solamente porque estaba regida por la pericia de sus marinos sino también por los bajos salarios que recibían sus tripulantes. Es por ello que estos preferían desertar e ingresar al Perú, una vez en tierras peruanas entraban en contacto con paisanos quienes los reclutaban para desempeñarse en actividades comerciales y locales[4]. Muchos de los tripulantes veían la posibilidad de establecer actividades independientes como pequeños comerciantes a diferencia de la dificultad existente en Italia de lograr una economía independiente sobre todo en la marina mercante.

Bonfiglio citando a J. Von Tschudi nos dice que a mediados del siglo XIX los italianos en Lima eran ex marineros que habían desertado de sus barcos, quienes se dedicaban en su mayoría a la venta de licores (pulperías) y comestibles (chinganas), algunos acumulaban pequeñas fortunas, unos se quedaban en el Perú, pero otros regresaban a su país. Muchas veces eran tantos los tripulantes que desertaban que las embarcaciones tenían problemas para emprender el viaje de regreso. Los tripulantes de estos veleros traían consigo mercancía de “pacotilla”, que consistía en una carga personal que los capitanes se veían obligados a permitirles para retenerlos en los puertos de embarque, al llegar a nuestro país vendían la mercancía de pacotilla que traían consigo para acumular dinero y lograr establecerse en un futuro cercano como pequeños comerciantes permanentes. Muchos italianos se establecieron como pequeños comerciantes, siendo capitanes de embarcaciones menores, es por eso que en todas las caletas y puertos del Perú podemos encontrar a pequeñas colonias italianas en las provincias.

DEMOGRAFÍA

Entre 1840 y 1880, la presencia de italianos en el Perú se incrementó de forma considerable, a causa de la época del guano, que como habíamos mencionado trajo mejores condiciones económicas para que los inmigrantes que se asentaran en nuestro país. A inicios de la década de 1850, el Perú ya contaba con más de dos mil italianos en todo el país, constituyendo estos, la mayor presencia europea en tierras peruanas.  Según el Censo de 1857 que se dio en Lima, la presencia italiana ya había alcanzado la cantidad de 3469 inmigrantes en la Capital.  

En  1864 se abrió la primera legación diplomática italiana en Lima (en reemplazo del Consulado de Cerdeña), los italianos residentes que se inscribieron fueron más de 4 mil. También nos dice que a pesar que, en el Censo de 1876 reporta una cantidad de 6990 italianos, por las deficiencias en la aplicación de este censo, la cantidad habría sido en realidad aproximadamente unos 10 mil en todo el Perú. En su mayoría, residían en Lima y el Callao, el resto vivía en las ciudades costeras y otros en el interior del país. Cabe resaltar el gran cambio en cuanto a la diferencia de sexos mencionado anteriormente donde por cada mujer había 10 hombres, en el último tercio del siglo XIX, el Censo de 1876 aunque con grandes márgenes de error, se toma como valido los resultados del mismo, existiendo una proporción de cinco mujeres por cada hombre.

Hasta este momento hemos podido ver que la migración de italianos en el Perú buscaba lograr una estabilidad económica a través de diversas actividades económicas principalmente el comercio. Muchos de los que lucharon a favor de la causa republicana y patriota a inicios del siglo XIX, eran de alguna manera refugiados políticos quienes tuvieron que huir al restaurarse en Italia el Conservadurismo en el año 1815. Es así que el primer periodo del siglo XIX, se caracterizó por tener migraciones de carácter político, compuesta por miembros de la élite, estudiantes e intelectuales liberales, cabe resaltar que no fue un grupo numeroso.  Es importante también saber que muchos de los jóvenes italianos que llegaron al Perú a mediados del siglo XIX lo hicieron como tripulantes en embarcaciones de guano, eran desertores del ejército piamontés antes de la unidad italiana, eran jóvenes con ideales republicanos que no deseaban, estar bajo la monarquía de Saboya, las familias preferían mandarlos a las Américas que a morir en la guerra, se reclutaban como mano de obra barata a bordo, pero al llegar buscaban a sus paisanos o familiares en el Perú y desertaban.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS

El rol que desempeñaban los italianos que inicialmente llegaron al Perú, fue de comerciantes, esta característica es propia de países que reciben un bajo flujo de migrantes, contrario a lo que paso en Argentina. Muchos de ellos empezaron trabajando como empleados de las casas comerciales de los marinos. Se dedicaron al comercio mayoritariamente, este fue el comercio minorista al mismo tiempo que hacían comercio de cabotaje.

La mayoría estableció pulperías no solo en Lima, sino también en otras ciudades costeras del país. Seguida a esta actividad, también se dieron los negocios de chinganero y fondero. La razón por la cual ellos se dedicaban a estas actividades principalmente no solamente radicaba en el hecho de que en su mayoría eran comerciantes marinos sino también porque el llegar al Perú muchos de ellos pasaban por un proceso de inserción en el cuál servían en un establecimiento comercial de un familiar o paisano ocupando puestos modestos para aprender y luego poder establecer su negocio independiente. Los empleos más comunes eran por lo general, empleados de comercio, garzones de pulpería, trabajadores de molino, etc. Estos trabajos aun siendo modestos les permitían reunir un pequeño capital para emprender su negocio propio. Además, no eran solo pequeños comerciantes los que se establecieron en nuestro país, algunos eran comerciantes que invertían capitales acumulados, su origen era más acomodado, provenientes de las zonas urbanas de Liguria, quienes buscaban ampliar el negocio familiar, ingresando a la élite empresarial y dirigencial local.

Muchos comerciantes durante la bonanza económica de la década de 1850 y 1860 se enriquecieron a través de la venta de artículos importados, otros desarrollaron actividades productivas siendo chocolateros, molineros y fideleros. Aunque eran más del 80% los negocios de pulperos, comerciantes o chinganeros a los que se dedicaban los italianos. Existieron también otras actividades no comerciales como boticarios, cafeteros, agricultores, médicos, peluqueros, profesores, artesanos, zapateros, toneleros, herreros, etc. Muchos otros se dedicaron a actividades de hortelanos y pequeños agricultores, cultivando parcelas en Lima y ciudades costeñas, formando hermosos huertos, dedicándose a su vez muchos de ellos al comercio directo de los mismos, llegando a su vez a introducir en la dieta de los limeños, algunas legumbres que se consumían inicialmente en Europa, como el repollo, la coliflor, la col de Bruselas, la espinaca, la acelga, el perejil, el apio, la alcachofa, los rábanos, la lechuga, entre otros. Posteriormente fueron reemplazados por los chinos.

Otro sector en el cual se despeñaron fue en la pesca, como también en el ámbito hotelero, también se desempeñaron prestando el servicio de transporte en carretas, que se hacía desde el Callao hasta Lima, antes de la construcción del ferrocarril en 1852.

Como podemos ver los italianos tienen un carácter empresarial, el cual está relacionado con varios aspectos laterales que forman parte de su bagaje cultural, como el deseo de autonomía económica, entendido como la diversificación de sectores económicos; la actitud de ahorro productivo y disciplina en sentido amplio. Estos elementos son comunes en las poblaciones migrantes, las cuales desarrollan una forma de vida regida por el gran esfuerzo desencadenado al salir de su país, lo que hace que dejen de lado otros aspectos de la vida como las distracciones.

Hubo también un reducido grupo de inmigrantes quienes eran profesionales, los cuales habían llegado al Perú como refugiados políticos, entre ellos figuran médicos, muchos de ellos se dedicaron a la docencia en la Escuela de Medicina de la Universidad de San Marcos, otros participaron como médicos militares en el Ejército peruano, también llegaron farmacéuticos, quienes se desempeñaron en las instituciones de beneficencia de la colonia italiana. También podemos encontrar profesionales como arquitectos, constructores, abogados y escultores.

MECANISMO DE INSERCIÓN Y ASENTAMIENTO

Los primeros inmigrantes que llegaron tuvieron un origen necesariamente obrero o campesino afectado por los procesos de industrialización y transformación agraria en sus respectivas comunidades. El europeo que llegó al Perú lo hizo como empleado de firmas comerciales extranjeras establecidas previamente o como independientes, que con un pequeño capital invirtió en algunas actividades con futuro. De esta forma, ingleses y alemanes llegaron a través de casas comerciales extranjeras en pleno proceso de expansión, de las cuales eran empleados o asociados. Mientras tanto, los italianos y españoles lo hicieron como independientes por medio de estrategias de “inserción familiar o paisana”, mediante la cual “los primeros inmigrantes “llamaban” a sus familiares y paisanos luego de un periodo de ambientación local” (pp.82-83).

Dicha modalidad les permitió una adaptación cultural más profunda de la que podían tener acceso los inmigrantes asociados a casas comerciales extranjeras. El pertenecer a un mismo círculo o región, y el tomar conciencia de su condición de minoría étnica los llevó a desarrollar una suerte de frente común expresado en la organización de colonias.

Las colonias estaban formadas por un conjunto de instituciones y servicios que buscaban la ayuda mutua entre los connacionales, tanto a nivel financiero como moral, para enfrentar la azarosa vida política del Perú. El sentimiento de seguridad y de solidaridad que daban las colonias fue especialmente importante para los inmigrantes de menos fortuna que no habían logrado el éxito económico, y para los recién llegados, que trataban de abrirse camino en el contexto nacional (p. 83) las colonias permitieron la asimilación de estos grupos extranjeros debido a que funcionaron como una transición a la incorporación total y definitiva del inmigrante.

Los mecanismos por los cuales llegaron los italianos, es de forma espontánea, esto se puede explicar a través de las llamadas “cadenas migratorias”. Esta modalidad permitía la inserción y establecimiento de los italianos en el Perú, el migrante llega “llamado” por un pariente, paisano o amigo, conformando una especie de redes de solidaridad de paisanaje, se les reclutaba empleándolos en sus negocios. Es así que los migrantes llegaban siguiendo los pasos de los primeros, quienes habían establecido cadenas migratorias, las cuales no solo funcionaban en el lugar donde se migraba sino también de regreso al lugar de origen, reemplazando en los empleos o en el negocio familiar, a su vez diversificando y ampliando los mismos. Estas cadenas migratorias también servían para traer al resto de la familia como las esposas, hijos o enviarlos a Italia para que se casen o estudien, es así que había una migración controlada. A diferencia de otros inmigrantes, estos llegaban con un empleo esperando por ellos. Podemos notar los valores que resaltaron a este grupo migratorio, como la confianza entre las personas, el cumplimiento de pactos, asociado al valor de la palabra empeñada; y la asociatividad, entendida como la capacidad para organizarse y cooperar.

Otro punto importante del capital social es el de las “redes sociales” que en cierto modo suplía la carencia de dinero, pues al igual que las cadenas migratorias y los contactos personales, constituían parte de la estrategia de inserción económica local. Este capital social es esencial para explicar el ascenso económico de los inmigrantes italianos, pues como ya se dijo, casi en su totalidad no llegaron con grandes bienes materiales. Este capital social es un bien colectivo que se transmite de generación en generación, incluso se puede decir, que en gran parte del capital social que actualmente hay en el Perú es de origen italiano.

Imagen de Internet



[1] “Esta incomprensión se daba no sólo entre los terratenientes peruanos sino también entre algunos inmigrantes. Es el caso del italiano Tomás Caivano quien llevó a unos 150 trabajadores napolitanos a una hacienda de Ica (Mamacona). Al poco tiempo salieron de la hacienda y se fueron a las ciudades. (Bonfiglio, Giovanni, p. 31).
[2] Bonfiglio, Giovanni. Los italianos en el Perú durante la época del guano. pg. 85.
[3] Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg. 47.
[4] Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg.36.

No hay comentarios:

Publicar un comentario