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miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Sociedad de Inmigración Europea


En este periodo se dieron los primeros actos administrativos en pro del objetivo de lograr un mayor asentamiento de europeos en el Perú, es así que se creó la Comisión Consultiva de Inmigración que pocos meses después de convirtió (mayo de 1873) en La Sociedad de Inmigración Europea, compuesta de 25 miembros, agrupados en cinco secciones: Inglaterra e Irlanda; Francia, Bélgica y Suiza; Alemania, Austria y Holanda; Suecia, Noruega y Dinamarca; e Italia, España y Portugal.

Este organismo debía administrar los fondos para promover la inmigración desde estos países; establecer convenios; cuidar del viaje, alojamiento inicial y posterior ubicación de los inmigrantes; así como dirimir diferencias entre inmigrantes y empleadores.[1]

La Sociedad, en su mayor parte integrada por hacendados, contó con el apoyo gubernamental a través de una ley aprobada por el presidente Pardo, por la que el gobierno se comprometió, entre otras cosas, a invertir 100.000 soles al año para fomentar la inmigración europea hacia terrenos costeños[2]. Uno de los aspectos definidos por la referida norma fue que no se podía expropiar terrenos de la costa para asentar colonos inmigrantes. Ello limitó la posibilidad de asentar colonos en la costa, a menos que se fuesen contratados como trabajadores de hacienda, dada la escasez de tierras en la zona costeña. Pese a ello, desde 1874 a 1875 la Sociedad de Inmigración Europea patrocinó la llegada de alrededor de 3000 inmigrantes, la mayor parte de los cuales eran italianos, en menor medida había algunos suizos y franceses.

Cabe resaltar que existía una adhesión de la élite dirigencial italiana al civilismo, quizás la mayor expresión de coincidencia entre los postulados civilistas y la ideología de los líderes de la colonia italiana del Perú, se expresa en el libro publicado por Juan Copello y Luis Petriconi, su ideología nacionalista y liberal se dejaba ver en Estudios sobre la independencia económica del Perú.[3] En este libro se aboga por el desarrollo de la industria nacional, postulando la modernización del Estado peruano. Esta demostración de una coincidencia de pensamiento económico entre gobernantes civilistas y la élite de la colonia italiana propició el crecimiento económico y la estabilidad política de la misma que se daría entre 1895 y 1930.

Imagen de Internet



[1] “Luego de instalarse, la Sociedad redujo sus miembros a 20 y las secciones a cuatro (se eliminó la sección encargada de la inmigración desde Suecia, Noruega y Dinamarca).” Bonfiglio, Giovanni, pg. 29
[2] García Jordán, Pilar. Iglesia y poder en el Perú contemporáneo, 1821-1919. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de las Casas", 1992.p. 203.
[3] Copello, Juan y Petriconi, Luis. Estudios sobre la independencia económica del Perú. Imprenta de “El Nacional”, Lima, 1876, 105 pp.

martes, 6 de junio de 2017

Los Inmigrantes italianos en el Perú


Muchos fueron los proyectos que se elaboraron para lograr traer colonos europeos al Perú, se elaboraron dispositivos legales y se elaboraron contratos a base del ofrecimiento de un futuro mejor en tierras americanas. Sin embargo, se trataba de propuestas poco viables, tanto por la falta de recursos financieros como por la falta de tierras para entregar a los colonos. Es por ello que al llegar a nuestro país muchos colonos se encontraban con una realidad diferente a la prometida, los contratos de trabajo no eran tan remunerados a como ellos imaginaban, muchas veces se encontraban maltratados por los hacendados y otras veces con condiciones de vida poco favorables.

Giovanni Bonfiglio cita a Del Río para explicarnos la posible relación existente entre hacendados y colonos, las dificultades entre el “patrón” y sus contratados se hicieron cada vez más grandes, los españoles no tenían una personalidad sumisa como la que tenían los naturales, sino que tenían una personalidad altiva y pretenciosa, los rozamientos fueron complicándose, hasta que un incidente personal entre Salcedo, un hacendado, y un inmigrante dio lugar a un choque sangriento el 4 de agosto de 1863,  donde hubieron muertos y heridos, los colonos que sobrevivieron abandonaron el país y se entablo una querella en los tribunales, además de protestas diplomáticas por parte de España.

Sin embargo, esto no detuvo los proyectos para traer inmigrantes europeos, algunos países de Europa necesitaban ubicar el excedente de población a causa del gran crecimiento demográfico como consecuencia de la baja mortalidad. Llegando al Perú durante el gobierno de Manuel Ignacio Prado, otros colonos como alemanes e italianos.

Inicialmente se buscaba emplearlos en terrenos de la costa, pero no fue logrado, ya que se les ofrecían bajos salarios por el trabajo en las haciendas y los hacendados no querían ceder terrenos para que sean colonizados, es así que la mayoría de los colonos europeos se asentaron en los terrenos de montaña. La llegada de los inmigrantes a Lima, ocasionó una pequeña crisis, ya que durante su estadía inicial estos inmigrantes deambulaban por las calles de la ciudad buscando empleo, deseaban un empleo urbano y bien remunerado, lo cual era casi imposible de conseguir y los que inicialmente aceptaban trabajar en las haciendas poco tiempo después de laborar allí, se dirigían a las ciudades[1]. Otros fueron repatriados y muchos otros terminaron trabajando en ocupaciones de emergencia como el ferrocarril central y ferrocarril de Paita a Piura.  A causa de esta situación en 1875, representantes de las 6 organizaciones italianas de Lima y Callao publicaron un circular con el objetivo de desalentar la llegada de más inmigrantes italianos, este circular también llego a periódicos de Italia[2]. Los representantes diplomáticos italianos incluso pedían al gobierno peruano el pago de gastos de reparación de los colonos que aún permanecían en la Casa de Asilo (en esta casa podían permanecer hasta 8 días después de haber llegado al Perú, pero por las condiciones de trabajo, muchos de ellos decidían quedarse más tiempo).

Los europeos eran introducidos para labores agrícolas, pero a los pocos años migraban a las ciudades. No solo ocurría con ellos, sino también con japoneses y chinos. Bonfiglio cita a Alessandro Arrigoni (1890), el amigo de Raimondi y cónsul de Italia en Pacasmayo:

“Los inmigrantes italianos llegados durante el gobierno del presidente Pardo llegaron en un momento en el que parecía que una lluvia de oro inundaba el Perú. De modo tal que ellos veían la posibilidad con la que podían ganarse el sustento e incluso hacer ahorros en poco tiempo mediante un trabajo fácil y sin hacer los esfuerzos que demanda la labor agrícola, se cansaron rápidamente luego de las primeras fatigas que probaron. Por eso abandonaron el ideal agrícola que los había conducido hasta aquí y se dispersaron en el país en búsqueda de cualquier trabajo, pero bien pagado e inmediatamente”.

Bonfiglio cita también a otros intelectuales italianos que a mediados de la década de 1870 escribieron el libro Estudios sobre la independencia económica del Perú. Se preguntaban: “¿A qué conduce, a quién aprovecha que vengan inmigrantes si no tienen en qué ocuparse? ¿Qué vengan hombres muy aparentes para las minas, cuando en virtud de muchas trabas está estancado el trabajo de las minas? ¿Qué vengan hombres aparentes para la agricultura cuando, o las condiciones agrícolas actuales o las preocupaciones de los intelectuales no les permiten tener ni el dominio directo ni el dominio útil del suelo que vienen a regar con el sudor de su frente? ¿Qué vengan hombres aparentes para las artes, cuando no hay talleres, ni oficinas, ni fábricas? (Copello y Petriconi, 1876).

A pesar de las medidas políticas dadas, todos los proyectos desarrollados hasta 1879 con el objetivo de facilitar la inmigración de europeos no tuvieron éxito. Durante el gobierno de Ramón Castilla se buscó celebrar un contrato por el cual se esperaba la llegada de 25000 irlandeses, lo cual no fue posible debido a la oposición del gobierno inglés, con lo que al final llegaron tan solo 320 personas, las cuales una vez en el Perú tuvieron que pasar por muy difíciles situaciones. A su vez, la mala experiencia por la que pasaron diversos grupos de inmigrantes hizo que exista una actitud contraria en Europa ante los posibles nuevos proyectos de inmigración traídos desde el Perú. Asimismo, durante el Civilismo, la Sociedad de Inmigración Europea también fracasó en su intento de acelerar la inmigración europea: la meta de atraer 50000 inmigrantes distaba mucho de la realidad. Finalmente, la crisis fiscal de 1870 paralizó los proyectos de colonización europea con lo que el programa civilista tuvo menos efectos que los inicialmente previstos.

Así, la única inmigración masiva que recibió el Perú se compuso de asiáticos que vinieron debido a la creciente demanda, por parte de los hacendados costeños, de mano de obra barata ante el vacío que quedó tras la abolición de la esclavitud en 1856. Evidencia de ello es la aprobación dada en 1861, durante el gobierno de Castilla, de la ley de inmigración de chinos. Fueron los chinos coolíes los que fueron a trabajar bajos duras condiciones en las zonas costeñas pues los pocos europeos que llegaron al Perú no actuaron como se había esperado: no se dedicaron a la agricultura de la costa, ni como trabajadores ni como granjeros independientes. Como en la costa las tierras eran escasas y los salarios eran bajos en las haciendas, los colonos o bien migraban hacia zonas de montaña o bien se iban hacia las ciudades a trabajar sobre todo en asuntos ligados a negocios o como empleados de paisanos que hayan llegado con anterioridad.

Estos proyectos para la colonización europea se paralizaron con la crisis fiscal de mediados de 1870 y la guerra del Pacífico.

ACTIVIDADES ECONOMICAS

En el siglo XIX primaron las migraciones provenientes de Liguria, región al noroeste de Italia, en el golfo de Génova. Aunque no fueron migraciones masivas sí se dieron de forma constante. El origen de estas migraciones la podemos encontrar en la antigua tradición de su marina mercante, estos marinos participaron en descubrimientos marítimos y frecuentaron las costas americanas desde la conquista. Hasta comienzos del siglo XVIII la “República de Génova” era políticamente autónoma, pero esto cambió luego de la invasión napoleónica (1800 -1815), ya que fue anexada al reino de Cerdeña. Liguria es una estrecha franja costera, compuesta por numerosos puertos, factor esencial del porque su actividad económica era el comercio marítimo, además de la ausencia de terrenos fértiles y llanos.

La experiencia de los marinos genoveses en actividades mercantiles, fue creando no solo una habilidad en cuanto a los negocios sino también una facilidad de movilidad.  Migraban temporalmente a otras regiones si tenían tiempos de crisis en sus actividades comerciales o si veían alguna otra región atractiva para comerciar, en Liguria se había difundido el mito de la “Mérica”, como lugar de fácil enriquecimiento[3]. Es por eso que al llegar al Perú muchos de estos marinos o tripulantes se desempeñaron un rol de comerciantes. A su vez cabe resaltar que estos inmigrantes no llegaban como lo hacían inmigrantes de otras regiones provenientes de Europa, estos lo hacían embarcándose en veleros de carga, trayendo mercancía. No solamente la población ribereña de Liguria fue la que llego a nuestras costas, siguiendo los pasos de esta, a mitad del siglo XIX llegaron también pobladores rurales, a diferencia de los anteriores, ellos no solo salían por la atracción de las nuevas tierras americanas, sino también por carecer de medios para vivir (poca fertilidad del suelo).

La mayoría de inmigrantes italianos desarrollaron actividades mucho más modestas, generalmente como pequeños comerciantes (chinganeros, fonderos, pulperos) o artesanos. Un grupo reducido de italianos se dedicaron a actividades artísticas, artesanales y profesionales, entre ellos músicos, médicos, orfebres, herreros, pintores, impresores, etc.  Como bien sabemos luego de la independencia del Perú, hubo un aumento paulatino de la llegada de inmigrantes italianos.

CARACTERÍSTICAS

Si bien la conformación de instituciones como, por ejemplo, la Sociedad de Inmigración Europea propiciaron la llegada de europeos, debido a que sus medidas no eran discriminatorias y a que tendían más que todo a favorecer las relaciones del Perú con potencias extranjeras (en miras de obtener una buena imagen internacional). Lo cierto es que la inmigración europea no respondió a proyectos de la política inmigratoria, sino que más bien los que llegaban al Perú eran en su mayoría trabajadores independientes y comerciantes. Estos se dedicaron a ello más nada cuando se encontraban en los puertos o ciudades afines a ellos, veían posibilidades de éxito y no tanto porque su meta desde un principio haya sido asentarse definitivamente en el Perú. Este fenómeno es a lo que Giovanni Bonfiglio denomina inmigración espontánea, pues la inmigración que recibió el Perú se realizó a través de una corriente libre, espontánea e independiente a los proyectos de colonización. En el Perú la inmigración europea no fue producto de una intervención estatal (como ocurría en países como Argentina o Brasil) sino que aquí cada inmigrante se establecería por otras y distintas razones.

La expansión de las actividades comerciales a raíz del boom guanero, atrajo a inmigrantes italianos quienes se asentaron en el Perú.  Estos inmigrantes se insertaron a través del comercio marítimo que durante estos años se intensificó y permitió que varios marinos y comerciantes se asentaran en nuestro país, unido a ellos llegaba parte de la tripulación que participaban en el comercio en el tráfico de mercancías y guano entre los puertos del Pacífico y de Europa. En algunas zonas de Italia se daba una expansión de la navegación en Vela que hacían transporte interoceánico, quienes cada vez aumentaban en los puertos del Perú, algunos se quedaban durante un tiempo prolongado para explorar la posibilidad de insertarse en actividades mercantiles locales.

Bonfiglio nos dice que el guano era una carga voluminosa y a pesar de que los barcos a vapor (introducido por los ingleses) reducían el tiempo de travesía, no justificaba el pago de los fletes más caros, es por ello que se entiende la competitividad que tenían los veleros, los marinos genoveses (quienes no tenían barcos a vapor), tenían una competitividad no solamente porque estaba regida por la pericia de sus marinos sino también por los bajos salarios que recibían sus tripulantes. Es por ello que estos preferían desertar e ingresar al Perú, una vez en tierras peruanas entraban en contacto con paisanos quienes los reclutaban para desempeñarse en actividades comerciales y locales[4]. Muchos de los tripulantes veían la posibilidad de establecer actividades independientes como pequeños comerciantes a diferencia de la dificultad existente en Italia de lograr una economía independiente sobre todo en la marina mercante.

Bonfiglio citando a J. Von Tschudi nos dice que a mediados del siglo XIX los italianos en Lima eran ex marineros que habían desertado de sus barcos, quienes se dedicaban en su mayoría a la venta de licores (pulperías) y comestibles (chinganas), algunos acumulaban pequeñas fortunas, unos se quedaban en el Perú, pero otros regresaban a su país. Muchas veces eran tantos los tripulantes que desertaban que las embarcaciones tenían problemas para emprender el viaje de regreso. Los tripulantes de estos veleros traían consigo mercancía de “pacotilla”, que consistía en una carga personal que los capitanes se veían obligados a permitirles para retenerlos en los puertos de embarque, al llegar a nuestro país vendían la mercancía de pacotilla que traían consigo para acumular dinero y lograr establecerse en un futuro cercano como pequeños comerciantes permanentes. Muchos italianos se establecieron como pequeños comerciantes, siendo capitanes de embarcaciones menores, es por eso que en todas las caletas y puertos del Perú podemos encontrar a pequeñas colonias italianas en las provincias.

DEMOGRAFÍA

Entre 1840 y 1880, la presencia de italianos en el Perú se incrementó de forma considerable, a causa de la época del guano, que como habíamos mencionado trajo mejores condiciones económicas para que los inmigrantes que se asentaran en nuestro país. A inicios de la década de 1850, el Perú ya contaba con más de dos mil italianos en todo el país, constituyendo estos, la mayor presencia europea en tierras peruanas.  Según el Censo de 1857 que se dio en Lima, la presencia italiana ya había alcanzado la cantidad de 3469 inmigrantes en la Capital.  

En  1864 se abrió la primera legación diplomática italiana en Lima (en reemplazo del Consulado de Cerdeña), los italianos residentes que se inscribieron fueron más de 4 mil. También nos dice que a pesar que, en el Censo de 1876 reporta una cantidad de 6990 italianos, por las deficiencias en la aplicación de este censo, la cantidad habría sido en realidad aproximadamente unos 10 mil en todo el Perú. En su mayoría, residían en Lima y el Callao, el resto vivía en las ciudades costeras y otros en el interior del país. Cabe resaltar el gran cambio en cuanto a la diferencia de sexos mencionado anteriormente donde por cada mujer había 10 hombres, en el último tercio del siglo XIX, el Censo de 1876 aunque con grandes márgenes de error, se toma como valido los resultados del mismo, existiendo una proporción de cinco mujeres por cada hombre.

Hasta este momento hemos podido ver que la migración de italianos en el Perú buscaba lograr una estabilidad económica a través de diversas actividades económicas principalmente el comercio. Muchos de los que lucharon a favor de la causa republicana y patriota a inicios del siglo XIX, eran de alguna manera refugiados políticos quienes tuvieron que huir al restaurarse en Italia el Conservadurismo en el año 1815. Es así que el primer periodo del siglo XIX, se caracterizó por tener migraciones de carácter político, compuesta por miembros de la élite, estudiantes e intelectuales liberales, cabe resaltar que no fue un grupo numeroso.  Es importante también saber que muchos de los jóvenes italianos que llegaron al Perú a mediados del siglo XIX lo hicieron como tripulantes en embarcaciones de guano, eran desertores del ejército piamontés antes de la unidad italiana, eran jóvenes con ideales republicanos que no deseaban, estar bajo la monarquía de Saboya, las familias preferían mandarlos a las Américas que a morir en la guerra, se reclutaban como mano de obra barata a bordo, pero al llegar buscaban a sus paisanos o familiares en el Perú y desertaban.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS

El rol que desempeñaban los italianos que inicialmente llegaron al Perú, fue de comerciantes, esta característica es propia de países que reciben un bajo flujo de migrantes, contrario a lo que paso en Argentina. Muchos de ellos empezaron trabajando como empleados de las casas comerciales de los marinos. Se dedicaron al comercio mayoritariamente, este fue el comercio minorista al mismo tiempo que hacían comercio de cabotaje.

La mayoría estableció pulperías no solo en Lima, sino también en otras ciudades costeras del país. Seguida a esta actividad, también se dieron los negocios de chinganero y fondero. La razón por la cual ellos se dedicaban a estas actividades principalmente no solamente radicaba en el hecho de que en su mayoría eran comerciantes marinos sino también porque el llegar al Perú muchos de ellos pasaban por un proceso de inserción en el cuál servían en un establecimiento comercial de un familiar o paisano ocupando puestos modestos para aprender y luego poder establecer su negocio independiente. Los empleos más comunes eran por lo general, empleados de comercio, garzones de pulpería, trabajadores de molino, etc. Estos trabajos aun siendo modestos les permitían reunir un pequeño capital para emprender su negocio propio. Además, no eran solo pequeños comerciantes los que se establecieron en nuestro país, algunos eran comerciantes que invertían capitales acumulados, su origen era más acomodado, provenientes de las zonas urbanas de Liguria, quienes buscaban ampliar el negocio familiar, ingresando a la élite empresarial y dirigencial local.

Muchos comerciantes durante la bonanza económica de la década de 1850 y 1860 se enriquecieron a través de la venta de artículos importados, otros desarrollaron actividades productivas siendo chocolateros, molineros y fideleros. Aunque eran más del 80% los negocios de pulperos, comerciantes o chinganeros a los que se dedicaban los italianos. Existieron también otras actividades no comerciales como boticarios, cafeteros, agricultores, médicos, peluqueros, profesores, artesanos, zapateros, toneleros, herreros, etc. Muchos otros se dedicaron a actividades de hortelanos y pequeños agricultores, cultivando parcelas en Lima y ciudades costeñas, formando hermosos huertos, dedicándose a su vez muchos de ellos al comercio directo de los mismos, llegando a su vez a introducir en la dieta de los limeños, algunas legumbres que se consumían inicialmente en Europa, como el repollo, la coliflor, la col de Bruselas, la espinaca, la acelga, el perejil, el apio, la alcachofa, los rábanos, la lechuga, entre otros. Posteriormente fueron reemplazados por los chinos.

Otro sector en el cual se despeñaron fue en la pesca, como también en el ámbito hotelero, también se desempeñaron prestando el servicio de transporte en carretas, que se hacía desde el Callao hasta Lima, antes de la construcción del ferrocarril en 1852.

Como podemos ver los italianos tienen un carácter empresarial, el cual está relacionado con varios aspectos laterales que forman parte de su bagaje cultural, como el deseo de autonomía económica, entendido como la diversificación de sectores económicos; la actitud de ahorro productivo y disciplina en sentido amplio. Estos elementos son comunes en las poblaciones migrantes, las cuales desarrollan una forma de vida regida por el gran esfuerzo desencadenado al salir de su país, lo que hace que dejen de lado otros aspectos de la vida como las distracciones.

Hubo también un reducido grupo de inmigrantes quienes eran profesionales, los cuales habían llegado al Perú como refugiados políticos, entre ellos figuran médicos, muchos de ellos se dedicaron a la docencia en la Escuela de Medicina de la Universidad de San Marcos, otros participaron como médicos militares en el Ejército peruano, también llegaron farmacéuticos, quienes se desempeñaron en las instituciones de beneficencia de la colonia italiana. También podemos encontrar profesionales como arquitectos, constructores, abogados y escultores.

MECANISMO DE INSERCIÓN Y ASENTAMIENTO

Los primeros inmigrantes que llegaron tuvieron un origen necesariamente obrero o campesino afectado por los procesos de industrialización y transformación agraria en sus respectivas comunidades. El europeo que llegó al Perú lo hizo como empleado de firmas comerciales extranjeras establecidas previamente o como independientes, que con un pequeño capital invirtió en algunas actividades con futuro. De esta forma, ingleses y alemanes llegaron a través de casas comerciales extranjeras en pleno proceso de expansión, de las cuales eran empleados o asociados. Mientras tanto, los italianos y españoles lo hicieron como independientes por medio de estrategias de “inserción familiar o paisana”, mediante la cual “los primeros inmigrantes “llamaban” a sus familiares y paisanos luego de un periodo de ambientación local” (pp.82-83).

Dicha modalidad les permitió una adaptación cultural más profunda de la que podían tener acceso los inmigrantes asociados a casas comerciales extranjeras. El pertenecer a un mismo círculo o región, y el tomar conciencia de su condición de minoría étnica los llevó a desarrollar una suerte de frente común expresado en la organización de colonias.

Las colonias estaban formadas por un conjunto de instituciones y servicios que buscaban la ayuda mutua entre los connacionales, tanto a nivel financiero como moral, para enfrentar la azarosa vida política del Perú. El sentimiento de seguridad y de solidaridad que daban las colonias fue especialmente importante para los inmigrantes de menos fortuna que no habían logrado el éxito económico, y para los recién llegados, que trataban de abrirse camino en el contexto nacional (p. 83) las colonias permitieron la asimilación de estos grupos extranjeros debido a que funcionaron como una transición a la incorporación total y definitiva del inmigrante.

Los mecanismos por los cuales llegaron los italianos, es de forma espontánea, esto se puede explicar a través de las llamadas “cadenas migratorias”. Esta modalidad permitía la inserción y establecimiento de los italianos en el Perú, el migrante llega “llamado” por un pariente, paisano o amigo, conformando una especie de redes de solidaridad de paisanaje, se les reclutaba empleándolos en sus negocios. Es así que los migrantes llegaban siguiendo los pasos de los primeros, quienes habían establecido cadenas migratorias, las cuales no solo funcionaban en el lugar donde se migraba sino también de regreso al lugar de origen, reemplazando en los empleos o en el negocio familiar, a su vez diversificando y ampliando los mismos. Estas cadenas migratorias también servían para traer al resto de la familia como las esposas, hijos o enviarlos a Italia para que se casen o estudien, es así que había una migración controlada. A diferencia de otros inmigrantes, estos llegaban con un empleo esperando por ellos. Podemos notar los valores que resaltaron a este grupo migratorio, como la confianza entre las personas, el cumplimiento de pactos, asociado al valor de la palabra empeñada; y la asociatividad, entendida como la capacidad para organizarse y cooperar.

Otro punto importante del capital social es el de las “redes sociales” que en cierto modo suplía la carencia de dinero, pues al igual que las cadenas migratorias y los contactos personales, constituían parte de la estrategia de inserción económica local. Este capital social es esencial para explicar el ascenso económico de los inmigrantes italianos, pues como ya se dijo, casi en su totalidad no llegaron con grandes bienes materiales. Este capital social es un bien colectivo que se transmite de generación en generación, incluso se puede decir, que en gran parte del capital social que actualmente hay en el Perú es de origen italiano.

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[1] “Esta incomprensión se daba no sólo entre los terratenientes peruanos sino también entre algunos inmigrantes. Es el caso del italiano Tomás Caivano quien llevó a unos 150 trabajadores napolitanos a una hacienda de Ica (Mamacona). Al poco tiempo salieron de la hacienda y se fueron a las ciudades. (Bonfiglio, Giovanni, p. 31).
[2] Bonfiglio, Giovanni. Los italianos en el Perú durante la época del guano. pg. 85.
[3] Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg. 47.
[4] Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg.36.

El Inicio de la moderna Inmigración europea


La inmigración italiana había sido de forma indirecta, los italianos que habían llegado a tierras americanas lo habían hecho después de tener una estadía  en España[1]. Pero, en las primeras décadas del siglo XIX esto cambió, se dio la inmigración de una forma directa, desapareciendo así la “conexión española”, siendo en su mayoría los inmigrantes italianos provenientes de Génova.  A su vez, esto se vio facilitado por el contexto peruano: La falta de mano de obra en las haciendas, un proyecto modernizador y prejuicios sociales propiciaron en el Perú el nacimiento de una política destinada a permitir el ingreso de inmigrantes europeos al país, emitiéndose disposiciones legales para lograr dicho objetivo[2].

El primer dispositivo legal dado para favorecer el ingreso de inmigrantes al Perú fue el artículo 7º de la Ley del 21 de noviembre de 1831, que creaba el departamento de Loreto.[3] Con este decreto establecía que aquellos extranjeros que llegarán al Perú tendrían oportunidades de trabajo como el labrado de la tierra. Otro dispositivo legal que promovía la llegada de extranjeros fue la declaración contenida en el Decreto del 14 de marzo de 1835 dado por el General Felipe Santiago Salaverry.[4] En la cual se sostenía que, al pisar el territorio peruano, podrían registrarse como ciudadanos del Perú en tanto se inscriban en el Registro Civil.  Consiguiente a este decreto, en 1845, se ofrecía a los inmigrantes, conforme a la Ley de 1832, la propiedad de tierras que pudieran cultivar con todos los privilegios concedidos a pobladores locales, exonerándolos de pagos de decretos judiciales y parroquiales[5]. Este mismo año este decreto fue ratificado por la Ley del 24 de mayo.

PROCESO

1. Inicios de la época del guano:

Para este periodo, Europa Occidental atravesaba por una intensa revolución agrícola, evidente desde la primera mitad del siglo XIX. La creciente demanda de productos necesarios para aumentar la productividad hizo que se hiciese necesario el tener que buscar nuevos métodos para obtener fertilizantes propicios. En este sentido se comenzaron a dar exploraciones que buscaron obtener de algún modo el fertilizante adecuado. Uno de los primeros pasos se daría en Madagascar; sin embargo, más adelante diversos estudios corroboraron la existencia en las Islas de Chincha de un poderoso, y abundante, fertilizante: el guano de las aves.

A partir de esto, la historia del Perú se irá tornando diferente. Ante la demanda creciente del guano, se iniciaron las negociaciones pertinentes entre el Estado peruano y los países extranjeros (Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Italia, etc.).
Siguiendo este proceso, entre 1845 y 1880, el Perú monopolizó el comercio del guano y a partir de 1850 éste se convertiría “en el nervio de la economía peruana al volverse elemento imprescindible en la modernización de los campos de cultivo europeos”[6]. Así, entre 1850 y 1878, la economía se caracterizó por la entrada de ingresos provenientes del guano, como porcentaje importante del presupuesto gubernamental y por el incremento del fertilizante como porcentaje total de las exportaciones del país.

Política estatal respecto a la inmigración europea

En un contexto en el que el progreso del país se percibía como viable, los distintos gobiernos optarán por medidas tendientes a lograr la modernización del país. Una de ellas consistía en traer inmigrantes europeos, quienes con su cultura contribuyeran a lograr el tan anhelado progreso (ideal inmigracionista). Se darán contratos, leyes y proyectos de colonización los cuales ponían de manifiesto la idea de que el progreso del país se lograría a través de la inmigración europea ya que se consideraba, bajo un prejuicio racial de la época, que lo anglosajón como tal y no la población nativa, tenía la suficiente capacidad para efectuar tal cambio.

Proyecto modernizador:

En la segunda mitad del siglo XIX la capacidad “mágica” atribuida a la inmigración europea provenía del conocimiento que sobre las experiencias de otros países se tenía. Estados Unidos, Brasil y Argentina representaron el modelo que el Perú quería repetir para obtener los mismos “efectos dinamizadores al desarrollo económico” que tuvieron los países beneficiados con la inmigración europea. (p. 68)

Problema de la mano de obra:

La expansión de la economía peruana de mediados de siglo XIX tuvo como consecuencia la formación progresiva de capitales peruanos (Bonilla, 1984, 33-34). Estos permitieron la reactivación de la agricultura y su consecuente especialización. “La Guerra de Secesión de los EE.UU. y la crisis de la producción azucarera en Cuba, facilitó la inversión de capitales provenientes del comercio del guano en la agricultura de exportación. Entre 1865 y 1873 se produjo el desarrollo de la producción de algodón en la costa, y entre 1870 y 1888, el del azúcar.” (p. 72)

La reactivación de la agricultura de exportación no dependió solo de los capitales generados a partir de la venta del guano sino también de la solución a un problema específico del Perú y que lo caracterizó durante el siglo XIX: la escasez de la mano de obra para el trabajo de las haciendas de la costa. Las causas principales del problema fueron la manumisión de la esclavitud y la abolición del tributo indígena que realizara Castilla entre 1854 y 1855.  Por otro lado, como el contexto internacional era contrario al comercio de esclavos, comprar fuerza de trabajo se hacía cada vez más difícil, llevando a los propietarios a una situación crítica. De igual modo, la abolición del tributo indígena resultó una medida contradictoria, pues una vez libres de la carga tributaria, los indígenas volvían a sus economías autosuficientes, y ya no estaban obligados a vender su fuerza de trabajo para insertarse al mercado y pagar la obligación (Cotler, 1985: 102).

Las autoridades estatales asociadas a los hacendados, intentaron resolver el problema de la mano de obra a través de la inmigración, especialmente europea, siendo esto posible debido al boom guanero iniciado en 1840, con cual se pudo hacer posible  un crecimiento de la presencia de inmigrantes europeos al país.

Así vemos como salió una Ley de Inmigración del 17 de noviembre de 1849 que establecía recompensas para los empresarios que introdujeran colonos al Perú, favoreciendo así el ingreso de inmigrantes para fines de colonización; en este sentido, en varios países europeos se abrieron consulados peruanos con el fin de elaborar proyectos de inmigración interesantes a los gobiernos europeos. A su vez los cónsules europeos en Lima iniciaron proyectos que iban de la mano con los ya mencionados.[7] En 1851 llegaron los primeros grupos de inmigrantes organizados al Perú: campesinos irlandeses que salieron de su país debido a la hambruna producida por la crisis del cultivo de la papa. En 1853, se trató de colonizar con colonos alemanes terrenos de la Selva como Moyobamba, llegando al Perú 1096 colonos alemanes. Este mismo año el Cónsul peruano en Génova, recibió un despacho del presidente de la República del Perú, en el que se informaba de proyectos de colonización del río Amazonas. El Cónsul publicó ese despacho en varios periódicos italianos, y recibió pedido de varias personas que estaban interesadas en ese proyecto de colonización[8]. En 1854 se dio la eliminación de la esclavitud negra, con lo que se vislumbra una mayor necesidad de conseguir inmigrantes, necesarios para mano de obra en agricultura, construcción de ferrocarriles y extracción de guano.

Es en este específico contexto que la inmigración será vista como el mejor instrumento para lograr la modernización. Ello debido a que a través de ella se buscaba evitar perder riquezas ocasionado por una falta de mano de obra (por ejemplo, los terrenos de la costa no debidamente aprovechados) y al desprecio que se sentía hacia las culturas indígenas. La civilización y la cultura estaban identificadas con Europa y los gobernantes creían que era su deber llevar el progreso y la civilización al interior del país. Se consideraba, pues, que los problemas del país eran consecuencia de las razas que lo pueblan.

2. El Gobierno de Ramón Castilla:

Desde 1845 el Ejecutivo peruano, teniendo en claro la idea de que uno de los mecanismos para lograr la recuperación de la agricultura era el aumento de brazos y tecnología, percibirá como necesaria la llegada de mano de obra mediante el fomento de la inmigración, tal como estaba ocurriendo en otros países de América (Brasil y Argentina, principalmente). Como “se esperaba que los nuevos colonos no solamente resolvieran el problema de la escasez de mano de obra, sino que además dieran un nuevo impulso a la industria agrícola y que sus costumbres y cualidades fueran una fuerza de cambio y rápida modernización en todo el país”[9].

En 1847, el ministro Paz Soldán expresó la idea de una inmigración no restrictiva alegando que la prosperidad del país dependía de la llegada de más trabajadores, por lo que se debía recurrir a los inmigrantes en general[10], sean franceses, italianos o anglosajones.

Durante el segundo gobierno de Castilla, en 1859, se trazó un ambicioso proyecto de colonización, pero no tuvo éxito, se celebró un contrato para introducir al Perú 25 mil irlandeses, ofreciéndoles tierras y otros beneficios, pero el gobierno inglés puso demasiadas exigencias tales como exigencias de independencia y autonomía de esos colonos como de condiciones económicas, todas estas incompatibles con la soberanía peruana. Este intento de traer inmigrantes a través de contratos no fue el primero, siguieron estipulándose otros, pero no tuvieron éxito.

En estos mismos años se buscaba pactar con varios concesionarios la introducción de extranjeros europeos para trabajar por 5 años en las haciendas costeras, beneficiándose estos concesionarios con una prima de 30 pesos por inmigrante, pero a través de estos concesionarios solo fueron introducidos trescientos colonos vascos. El contratista peruano Ramón Azcárate, burlando a las autoridades españolas los llevó a Francia para embarcarlos en el puerto de Burdeos, los colonos llegaron al Callao el 19 de julio de 1860 y fueron trasladados a la hacienda “Talambo” de propiedad Manuel Salcedo. El contrato firmado por estos colonos establecía que debían trabajar por 8 años con un salario mensual de dos pesos de plata para mayores de 11 años y de uno para los menores de esa edad, estos contratos también eran firmados por los chinos culíes, pero con una paga menor, es así como podemos ver que existía una clara preferencia por inmigrantes europeos.

3. El gobierno de Mariano Ignacio Prado

El gobierno de Mariano Ignacio Prado no estuvo ajeno a estos proyectos, en 1867 celebró un contrato con el contratista Juan P. Martín, por medio del cual traería cinco mil colonos alemanes, pero solo pudo introducir 314 alemanes, quienes fueron internados en Pozuzo, uniéndose a colonos llegados anteriormente. Posteriormente en 1866 un grupo pequeño de italianos se internaron en las montañas de Tarma con dirección a Chanchamayo, pero la falta de caminos y el poco interés del gobierno hicieron fracasar este nuevo intento.
La inmigración europea aumentó su importancia con la instauración en el poder de los civilistas, como por ejemplo Manuel Pardo, instaurado en el poder en 1872, quien poseía una marcada tendencia liberal además de proponer reformas de tipo  modernizantes, ganándose la simpatía de los italianos.

La Sociedad de Inmigración Europea

En este periodo se dieron los primeros actos administrativos en pro del objetivo de lograr un mayor asentamiento de europeos en el Perú, es así que se creó la Comisión Consultiva de Inmigración que pocos meses después de convirtió (mayo de 1873) en La Sociedad de Inmigración Europea, compuesta de 25 miembros, agrupados en cinco secciones: Inglaterra e Irlanda; Francia, Bélgica y Suiza; Alemania, Austria y Holanda; Suecia, Noruega y Dinamarca; e Italia, España y Portugal.

Este organismo debía administrar los fondos para promover la inmigración desde estos países; establecer convenios; cuidar del viaje, alojamiento inicial y posterior ubicación de los inmigrantes; así como dirimir diferencias entre inmigrantes y empleadores.[11]

La Sociedad, en su mayor parte integrada por hacendados, contó con el apoyo gubernamental a través de una ley aprobada por el presidente Pardo, por la que el gobierno se comprometió, entre otras cosas, a invertir 100.000 soles al año para fomentar la inmigración europea hacia terrenos costeños[12]. Uno de los aspectos definidos por la referida norma fue que no se podía expropiar terrenos de la costa para asentar colonos inmigrantes. Ello limitó la posibilidad de asentar colonos en la costa, a menos que se fuesen contratados como trabajadores de hacienda, dada la escasez de tierras en la zona costeña. Pese a ello, desde 1874 a 1875 la Sociedad de Inmigración Europea patrocinó la llegada de alrededor de 3000 inmigrantes, la mayor parte de los cuales eran italianos, en menor medida había algunos suizos y franceses.

Cabe resaltar que existía una adhesión de la élite dirigencial italiana al civilismo, quizás la mayor expresión de coincidencia entre los postulados civilistas y la ideología de los líderes de la colonia italiana del Perú, se expresa en el libro publicado por Juan Copello y Luis Petriconi, su ideología nacionalista y liberal se dejaba ver en Estudios sobre la independencia económica del Perú.[13] En este libro se aboga por el desarrollo de la industria nacional, postulando la modernización del Estado peruano. Esta demostración de una coincidencia de pensamiento económico entre gobernantes civilistas y la élite de la colonia italiana propició el crecimiento económico y la estabilidad política de la misma que se daría entre 1895 y 1930.

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[1] “Ellos llegaban siguiendo las huellas de sus antepasados, que durante todo el período colonial recorrieron las rutas marítimas de América del Sur, gracias a sus conexiones con España”. Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg. 32.
[2] Bonfiglio nos explica en “La Inmigración europea al Perú” que “con nada se ha manifestado el Perú desde sus primeros días de vida propia tan constante, tan uniforme, ni tan entusiasta como la idea o mejor dicho, como el sentimiento de la inmigración europea” (Arona 1891: 49).
[3] “A cada uno de los extranjeros que se avecindasen en las nuevas reducciones, se les asignará por el Subprefecto de la provincia, las tierras que puedan labrar, y gozarán de los privilegios y exoneraciones que conceden las leyes a los poseedores de tierras eriazas”.
[4] “Todo individuo de cualquier parte del globo es ciudadano del Perú desde el momento en que, pisando su territorio, quiera inscribirse en el Registro Civil”.
[5] El 25 de enero de 1845 se dio un decreto, en el cual se ordenaba a las autoridades del departamento de Junín apoyar la construcción y mejoramiento de caminos al Pozuzo y al río Mayro. Bonfiglio, Giovanni. La presencia europea en el Perú. Pg. 20.
[6]Mc Evoy, Carmen. La Utopía republicana.  Lima: PUCP, 1997. pg. 125.
[7] “Por ejemplo, Taurel, Cónsul de la Santa Sede y del Granducado de Toscana en Lima, interesó al Gran duque de Toscana, Leopoldo II, para el envío de inmigrantes al Perú. Según este diplomático: ‘En general, el emigrante que llega al Perú a la aventura es raro que no consiga un trabajo lucrativo, sea porque posee un oficio o sea porque se emplea como doméstico…. después de tres años el obrero laborioso y serio se encontrará a la vez poseedor de la buena reputación que le hará valido su probidad de conocimientos locales adquiridos y de una cantidad de dinero de más o menos mil pesos, más que suficiente para formar un pequeño establecimiento que lo puede llevar a una fortuna mayor. Este es, además el secreto de la mayoría de las fortunas realizadas por los emigrantes de buena conducta”. Taurel R.M., Notice sur la situation politique et commerciale de la Republique du Perou. (Informe presentado a Leopoldo II, Gran Duque de Toscana). Florencia. 1852, pg. 14. (En Bonfilio, Giovanni, pag. 22)
[8] Archivo MAE, Carta de Baratta el ministro peruano de Relaciones Exteriores. Génova, 25 de julio de 1853. En Giovanni Bonfilio.  Los orígenes de la Presencia Italiana en el Perú. pg. 39.
[9] Mucke, Ulrich. Op., cit. p. 74
[10] A fines de su gobierno (1851), uno de los grupos organizados de inmigrantes que llegó al Perú fue el de los irlandeses. Llegaron un total de 320 personas al amparo de la Ley de 1849, que estipulaba una serie de beneficios para los colonos extranjeros en el Perú.
[11] “Luego de instalarse, la Sociedad redujo sus miembros a 20 y las secciones a cuatro (se eliminó la sección encargada de la inmigración desde Suecia, Noruega y Dinamarca).” Bonfiglio, Giovanni, pg. 29
[12] García Jordán, Pilar. Iglesia y poder en el Perú contemporáneo, 1821-1919. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de las Casas", 1992.p. 203.
[13] Copello, Juan y Petriconi, Luis. Estudios sobre la independencia económica del Perú. Imprenta de “El Nacional”, Lima, 1876, 105 pp.

Inmigración italiana en la época colonial


Así como en otras colonias, la presencia europea en el virreinato del Perú fue escasa ya que la corona española no permitía el libre ingreso a sus dominios. Sin embargo, durante el reinado de Carlos V (Siglo XVI) hubo cierta tolerancia en cuanto al ingreso de los extranjeros a las indias, es así que en 1539 dio una Provisión sobre el ingreso de súbditos a las Indias, haciendo mención explícita a los genoveses a quienes les concedía permiso para pasar a las colonias de América[1].

Los extranjeros provenientes de Italia (en su mayoría genoveses) y de Países Bajos se les trataba como súbditos de soberanos amigos o aliados de España, eran tratados como “extranjeros de consideración” a diferencia de los llamados “extranjeros sospechosos” como los ingleses, holandeses y franceses.

Durante los siglos XVI y XVII, algunos europeos (entre ellos italianos) ingresaron a los dominios españoles como miembros del séquito de los virreyes o las órdenes religiosas, trayendo consigo artesanos (pintores, músicos, joyeros) y sirvientes, así como también banqueros y comerciantes genoveses que se establecían en España y en tierras americanas. Debemos decir que la razón por la cual la mayoría de italianos en el Perú fueron genoveses, era porque la República de Génova estuvo aliada con España desde 1528, y formó parte del sistema de influencias políticas y económicas españolas, hasta el siglo XVII.

Giovanni Bonfiglio ha realizado una exhaustiva investigación sobre la presencia de italianos en el Perú, a través de la revisión de actas notariales, cabildos en Lima y archivos parroquiales. Se encontró una presencia documentada de 343 italianos, para el período comprendido entre el inicio de la conquista hasta mediados del siglo XVII. Él nos presenta importante información acerca de su lugar de origen, ocupaciones y actividades desarrolladas. De los 343 casos presentados, existe información acerca del lugar de nacimiento de 231, siendo los genoveses el grupo más numeroso con 124 personas, constituyendo el 53% del total, seguidos por 28 venecianos, 28 corsos, 15 napolitanos, 11 milaneses, 10 romanos y 5 sicilianos y un número menor restante de italianos de otras regiones. Los genoveses en su mayoría se dedicaban como maestres y “capitanes de naos”, mercaderes que se dedicaban al transporte de pasajeros y mercancías a lo largo de la costa del Pacífico.

Posteriormente durante el siglo XVIII, tras el ascenso de los Borbones al poder (dinastía que tenía fuertes intereses y vínculos con Italia),  hubo un relajamiento en cuanto a las estrictas prohibiciones sobre el comercio, navegación e ingreso a las colonias de América, a su vez la declinación del monopolio comercial de España y la invasión napoleónica de la misma,  significó el inicio de la atracción de viajeros, exploradores y mercaderes europeos, arribando a nuestras costas, expediciones de científicos y geógrafos impulsados por el deseo de descubrimientos, propio del iluminismo. Un factor importante que explica el por qué de la llegada de italianos al Perú es explicada por el temor a las revueltas antimonárquicas, la revolución francesa iba de la mano con grandes acontecimientos como la caída de la monarquía Borbónica en el sur de Italia, muchas familias aristocráticas migraron a España a fines del siglo XVIII por temor a las mencionadas revueltas, después de una estadía en España muchos de ellos viajaron a las colonias de América[2].

Es así que un censo realizado en Lima en 1775 indica la presencia de 120 europeos de origen no español, entre ellos 53 italianos[3] (ya que en las últimas décadas se había dado un incremento paulatino de italianos en el Perú) su predominio fue permanente durante todo el virreinato. Este incremento se dio a causa de la crisis del monopolio comercial español en las colonias de América, la cual se dio desde fines del siglo XVIII y su agudización a causa de la invasión napoleónica de España.

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[1] “Cuando en 1539 Carlos V dio una Provisión sobre el ingreso de sus súbditos a las Indias, hacía mención explícita a los genoveses y les concedía permiso para pasar a las colonias de América. La Provisión decía textualmente: ‘Damos licencia a los súbditos naturales de todos nuestros reinos y señoríos, asy mismo a todos los súbditos del imperio y ansy genoveses para que puedan pasara las dichas Indias y estar y contractar en ellas”. (Radicati di Primeglio En Bonfiglio cita a Radicati 1986 ).”
[2] “En el Perú se dio el caso de las familias Bandini y Marabotto, que habían migrado desde Italia a España en 1795.Otro caso es el de Gennaro Aggiuro quien era natural de Sorrento (Nápoles) y llegó al Perú también a fines del siglo XVIII.” Bonfiglio, Giovanni. Los orígenes de la presencia italiana en el Perú. Pg. 30.
[3] En Censo realizado de extranjeros residentes en Lima de 1775.